miércoles, 18 de junio de 2008

Después de mi incurso en el hospital, creí conveniente irme un fin de semana fuera, elegí el pueblo de un amigo que precisamente tenía que ir ese mismo fin de semana a llevar unas cajas a su casa. Este amigo es muy especial, pues suele ir por la calle paseando tranquilamente y observando las cosas. En nuestro grupo de amistades le llamamos “El Feliciano”, es horrible ir con él, con prisas, pues por cualquier cosa se para; un ejemplo “…mira este árbol está lleno de moras, me acuerdo que de pequeño allí en el pueblo, solíamos coger una escalera…”, etc. Etc., le dices vale ahora no hay tiempo que perder, te mira sonríe y decide seguir tus pasos.
Coges el coche para ir a su pueblo pero no sabes exactamente como ir, pero cielos horror pregúntale, vas por el camino correcto pero tienes que desviarte y no sabes bien por donde. Pongamos que los desvíos los llamamos con iníciales, preguntas que por donde tiras, si por A o por B, a todo esto falta poco para decidirte y te dice, que quieres, el camino corto, uno largo, otro que no estoy seguro si está en obras y tengamos que dar la vuelta, tu ya desesperado pues ves que se acerca un posible desvío y con ganas de atizarle con el gato, le insistes. Desesperada te la juegas y tiras por B, que suerte he tenido pues no se queja y ohhhhhhhhhhhhhhh, te dice… el A era mejor, pero también podíamos haber cogido el camino D. Gritas SOCORRO, pero al final llegas a tu destino. Una vez llegado al pueblo le preguntas la ruta para acceder a su casa, se te acerca casi a un milímetro de la cara y sonriendo te dice a ver si lo adivinas, te juro que, es para matarlo.
Superado el trance del viaje y llena de optimismo y buen humor, para no amargarme mis dos días de fiesta, decido ir a un puerto de montaña cercano allí, me cojo mi kit de montañismo, agarro una vara y me dispongo hacer senderismo, que paisaje, que rocas, que bonito todo, que silencio solo se oye el rio, al poco se oye un tremendo bocinazo y aparece mi amigo con su 4 X 4 y no tengo más remedio que subirme, el viaje todo el rato en tensión, son carreteras muy estrechas y tienes que ceder el paso a los coches que te vienen en contra dirección sino es imposible pasar, en media curva se para, le miras está viendo un lateral del rio y empieza contándote otra historia, tú histérica mirando hacia delante esperando el choque frontal. Total llegamos al destino allí donde ya no puede pasar un vehículo (gracias a Dios) y me tumbo un rato al lado del rio, él empieza hablarte y tu rogando para que se calle, por fin entiende la DIRECTA y pacíficamente te relajas, al poco sientes como una presencia abres los ojos y a unos pocos metros de ti una cabra montés olfateándote, unos cuernos que ríete de los de un toro, y entonces te preguntas porque co…piiiiiii no te dice nada, lo único es una sonrisa y decirte “…no pasa res, no pasa res…” Ya no me atrevo ni a preguntar y resignada pienso que mis dos días de relax han terminado allí, no me queda más remedio que tomar mis pastillas relajantes de siempre…

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